jueves, 10 de mayo de 2018

Gilipollas sin remedio



Me dijeron que no jugara con fuego y me acabe quemando.

Me advirtieron del peligro de los mecheros,

 pero no de la gente que los usa y creen que no es más que un juego el decidir despreciando al resto.

Ni  del ego que les controla en momentos que toca ser sincero.

No me dijeron de la gente que al creerse más que el resto, tratan de obligarles a pensar como ellos.

Que el mundo está lleno de viejos que buscan seguir siendo lo que fueron por todos los medios,

 aunque estén equivocados,

 aunque el tiempo les haya dejado en su lugar…

siguen ciegos.

Y no es cierto,

 no es cierto que más vale mal conocido que bueno por conocer,

que los ideales  valen más que el propio pueblo que nada tiene que ver,

por más que calle y asuma una situación injusta sin remedio.

Jugué sin intención de perder y me acabe quemando de personas que imponen como si fueran dios,

como si su palabra fuera ley, lo único cierto.

De que me crean un mierdecilla sin valor y las leyes les apoyen quitándome esos derechos que dicen que tengo,

pero que a la hora de la verdad solo son un mito, mareos.

El tiempo pasara y los abuelos darán paso a los nietos,

 los reyes caerán y acaban bajo la tierra junto a los muertos,

los profesores cabrones descubrirán que no eran más que insectos,

los políticos inútiles que volaron como el viento viendo que todos tenían razón en unas cosas y en otras mintieron,

que la derecha y la izquierda no son las únicas decisiones a tomar, esta vida no solo son blancos y negros.

Yo me acabaré pelando y del quemado acabara saliendo nueva piel que me recordara a aquellos que me encendieron,

 los que en su día se creyeron importantes en realidad solo fueron, con todo el respeto del mundo, gilipollas sin remedio.

lunes, 16 de abril de 2018

Memorias 10- Maratón



Hace siete meses me propuse un objetivo que hacía tiempo que quería realizar, prepararme una maratón en condiciones. 42 km corriendo, 42km  inalcanzables para mí desde la primera ver que hice media maratón y quedé destrozado en el proceso, estaba claro que me esperaba un duro recorrido si quería poder lograr acabarla el día de aquellas lejano, que tocara correrla.

Se ha escrito mucho del correr, mucho de este tipo de carreras de las que se cuestiona su razón de ser, el hecho de cansarse, de hacer algo potencialmente dañino para el cuerpo, hacer algo que te llena por dentro y te demuestra de lo que eres capaz, no es algo que comprenda mucha gente su atractivo y tal vez por eso la hace tan apetecible. Se ha escrito mucho del tema y me enorgullece ser uno de los que puede hacerlo después de todo el recorrido marcado en una dirección.

Hace siete meses, aprovechando mi cambio de vida,  me propuse correr todos los días una hora y tomarme en serio este objetivo, algo que en un principio parecía lejano fue acercándose poco a poco hasta que el día de ayer llegó el momento.

Fue duro, mucho más de lo que esperaba, con una marca de cuatro horas y veinte minutos fui finalmente capaz de acabarla y todo el sufrimiento del proceso cobró sentido de golpe.

Estaba preparado para los 21km, llevaba corriendo esas distancias a mis espaldas todos los Domingos desde hacía ya dos meses y tres años participando en la carrera de la media maratón de Coruña con la que fui mejorando mis tiempos de forma claramente visible. La media maratón pasó de ser algo que me había destrozado físicamente a algo que podía hacer prácticamente a diario sin sufrir agujetas posteriormente.

La tercera hora del recorrido fue la que empezó a avisarme de lo que se me venía encima, en la última vuelta es cuando me tope con el famoso muro, el momento en el que el cuerpo dice ya basta y se niega a continuar, a partir de ahí solo sirve la cabeza que no para de darte ánimos para continuar si o si.

La última hora y veinte fue un conjunto de gemelos subidos, espalda dolorida y tobillos palpitantes. La respiración y el cardio por suerte en ningún momento fueron un problema pero, debido a la situación muscular en la que me encontraba, mi velocidad disminuyó de forma exponencial, mi pequeño infierno personal del que podría haber huido en cualquier momento con tan solo renunciar.

Iba de avituallamiento en avituallamiento pensando continuamente que no tenía ninguna prisa por llegar, que había que tener paciencia y que el tiempo, ya no la distancia ni el ritmo, acabaría llevándome a la meta.

Ha sido una experiencia que me ha cubierto este año tan extraño, un objetivo del que no me arrepiento haber comenzado y que tengo la intención de repetir. Cuatro horas y veinte que no son otra cosa que el ver de qué esta hecho el cuerpo y de lo que es capaz. Forzar la maquinaria hasta niveles de los que no te creías capaz.

Coruña ya está lejos, he vuelto a casa dolorido y con el orgullo por los techos.

 Ahora toca descansar y marcarme nuevos planes de futuro que demuestren que esta vida no es solo el trabajo que a diario nos va consumiendo.

Objetivo cumplido.



miércoles, 4 de abril de 2018

Aprendizaje



Bebo de los versos de mi abuelo, de mis experiencias pasadas que sin saberlo me fueron llevando a donde estoy ahora.

Bebo de una vida de mierda que no cambiaría por nada, estoy entero, con mis más y con mis menos, pero entero.

Bebo del grial prohibido de tus labios secos, de los besos llenos de mentiras, llenos de futuros inciertos, vacíos de “tequieros” que quedaron atrás en los pudieron haber sido pero no fueron.

Bebo del gilipollas de turno que me dijo no puedo y yo, cabezota, hice todo por hacerlo.

Bebo de mis letras corridas por la lluvia que sin saberlo limpian mi conciencia perdida hace ya tiempo.

No seré yo quien diga lo que está mal y lo que por educación, costumbre o repetición, está bien para un público para el que los prejuicios son algo serio.

Bebo de un pasado del que aprendo sin avergonzarme, recordando mis errores y los de un pueblo que se empeña a negar su historia por penosa que sea, tropezando con las mismas piedras, cayendo en los mismos huecos, destruyéndose desde dentro, repitiendo los mismos versos.

Mi bandera es mi familia y mi apellido, pero también mis amigos con los que por decisión propia me encuentro, es la tierra en la que nací, el cielo que conozco desde que era pequeño y no me importaba la política, el racismo ni el género.

No paro de beber y aun así estoy sediento, sediento de lo que la vida me ofrece y yo sin miedo acepto.
Sediento de forzar mi cuerpo para ver si es capaz de llegar hasta el extremo sin romperlo.

Somos frágiles y sin embargo no sabemos lo que podemos alcanzar si no nos atrevemos.

La vida es demasiado corta y yo un necio que quiero aprenderlo todo, vivirlo, experimentarlo y seguir cambiando según bebo.

sábado, 31 de marzo de 2018

Un segundo


Me llama la atención como una relación pasa del todo al nada justo en el momento de la separación. 

Como si los sentimientos nunca hubieran existido, las experiencias se hubieran inventado y solo quedaran los recuerdos malos que les llevó a donde están ahora, a cortar lazos para siempre.

De serlo todo pasan, en cuestión de un segundo, a ser meros desconocidos que nunca han tenido que ver el uno con el otro.



A veces sueño con personas pasadas y me pregunto qué ocurrió para no ser  presente,

tejiendo las redes del recuerdo insano de algo que se bifurcó en dos caminos diferentes.

Ya no se qué fue real y qué un ente, que viene para detenerme  obcecado con inventar lo bueno,  olvidar lo malo y revivir lo inerte.

Sentir dolor en la boca del estómago, que desmiente lo que se dice del corazón, que en realidad, no es el que siente.

Tener recuerdos de alguien que pese a que existe, y está en tu mente, ya no está en tu vida,  no la volverás a tener enfrente.

El mundo siguió girando para los dos,  en lugares separados, siguiendo la corriente de dos ríos con distintos afluentes,

siempre con el remuerdo de conciencia de qué pudo pasar para quererte en un momento,

y al siguiente no ser más que una desconocida que por norma me tiene que resultar indiferente.

Como si nada de lo vivido valiera para nada,

un simple adiós… y hasta siempre.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Distopia del siglo XXI


Creo que en esta época que nos está tocando vivir hay más gilipollas que gente sana.

Creo que los extremismos están a la orden del día y que por el simple hecho de que todos tenemos derechos a sentirnos ofendidos, no significa que no podamos respetar las opiniones contrarias.

Por desgracia estamos viviendo una época en la que no se puede dar la opinión personal de las cosas sin miedo a que te echen a los lobos o te persigan con horcas y antorchas para quemarte vivo.

Una época en la que ser irrespetuoso se pena con denuncias e incluso la cárcel. Una caza de brujas del siglo XXI hacia todos los que piensen lo contrario tengan razón o no.

Ya no podemos hablar.

La libertad de expresión ha quedado oprimida, si no opinas bien te tienes que callar, así de simple, no existe más discusión.

Antes de nada dejar claro que soy cristiano, creyente por decisión propia,  no por mi educación ni por nada que tenga que ver con mi alrededor, aquí el  “Yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset no tiene cabida.

Soy creyente y pese a ello, al contrario que muchos, sé diferenciar claramente entre religión y creencia. Mis creencias son entre Dios y yo y no respondo ante unos humanos, tan imperfectos como uno mismo, que no paran de decir qué es lo que está mal y qué es lo que está bien como si tuvieran la verdad absoluta de las cosas. No creo en un bautismo en el que el que menos se entera es el protagonista, en una comunión que es por los regalos, o en un matrimonio que se hace por la tradición, para mí eso no es religión, las costumbres, por costumbre, no las hacen correctas.

Se diferenciar claramente entre religión y una iglesia formada por hombres al igual que, alguien con dos dedos de frente, sabe diferenciar entre nuestros políticos y la política en general.

Unos hombres a los que tomo con raciocinio y criterio propio, creo en la iglesia pero siempre mediante el filtro de la razón.

Porque alguien sea irrespetuoso no creo que merezca ser juzgado, una opinión demuestra cómo es su propietario, que los imbéciles dejen bien claro que lo son sin miedo a represalias.

Creo que la libertad de expresión tiene que estar ahí nos guste lo que se diga o no,  nos guste cómo se diga o no,  estemos de acuerdo o no.

Creo que las palabras no hacen que cambiemos nuestra forma de pensar por más ruido que se haga con ellas.

Las opiniones no tienen por qué ser respetadas siempre y cuando los actos sí que acompañen al respeto,  la palabra es simplemente palabra, las acciones son la línea que tiene que estar controlada.

Nos hemos convertido en personas quejicas que saltamos a la mínima, ya sea por comentarios machistas, homofobos, racistas, apolíticos o antirreligiosos. La verdad es que a veces me pregunto dónde quedaron aquellos días de me entra por un oído y me sale por el otro…

No quitemos libertades.

No estoy de acuerdo con el actor Willy Toledo,  creo que hay formas y formas de decir las cosas hablando por Valtonyc,  me resultan de mal gusto los chistes de Carrero Blanco de Cassandra Vera y podría seguir así con muchas más personas que son perseguidas en la actualidad por hablar de más.

Con ellos tres en particular no puedo decir que sea de mi agrado  cómo hicieron las cosas, pero no puedo hacer otra cosa que ponerme de su lado ante la situación actual,  han dejado muy claro el tipo de personas que son, al igual que lo han hecho los ofendidos quejicas que intentan imponer sus opiniones por la fuerza tratando de acabar con esta pobre gente.

Simplemente no hay derecho a la situación que estamos viviendo.

Lo único que nos permitía la libertad era poder dar la opinión personal de las cosas, parece que ahora ya ni eso.

1984, Un mundo feliz, Rebelión en la granja, Fahrenheit…

miércoles, 14 de marzo de 2018

Una pregunta




Sabes por qué me gusta la música?

Porque me transporta a una playa con una cerveza fría en la mano, porque me lleva a una noche en una cama tiempo atrás olvidada, a bailar en mitad de la calle sin importarme quien mire.

Me hace olvidar la realidad que me rodea cambiándola por los paisajes más maravillosos, me hace sentir la libertad en todo su esplendor.

¿Acaso es esto huir? ¿O vivir un pequeño momento de irrealidad que parece más real que la misma?

Sufrir un pequeño arrebato de locura llamado felicidad,  una pastilla de soma que cubre todas mis preocupaciones con una manta de desigualdad, si perder la conciencia es esto diré que por favor me quiten toda.

Prefiero vivir como soñador inconsciente que como vivo deprimido.

¿Que por qué me gusta la música?

Porque con ella soy capaz de hacer aquello para lo que no nací, vivir un presente inventado, un pasado perfecto,  un futuro de esperanza.

jueves, 15 de febrero de 2018

Sinsentido 14


Se dedicó a viajar,
consideraba que la vida era mucho más,
no limitarse a hacer lo que espera la sociedad.
Recibir con los brazos abiertos lo que te puede dar,
un sueño en el que no sabemos estar,
el amor una pequeña parte de la verdad.
Gente, paisajes, cultura, otra realidad.
vio mundo sin recordar la necesidad
de aquello para lo que dijeron que nacimos,
casarse, tener hijos y demás.
Vivió años en soledad
pero vivió más que nadie, no se puede negar…
Cada día acompañado desde el despertar,
tocando con los dedos la felicidad,
agarrando sin querer soltar,
disfrutando lo que es respirar,
todo lo que el mundo da
lo que nadie se da cuenta que tiene.